El Astrónomo Errante

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Luces verdes sobre Reikiavik

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Hace algunos meses y gracias a una oferta encontrada en la red, de un modo espontáneo se empezó a formar un grupo que finalmente creció hasta las 27 personas, para viajar a Islandia a intentar observar una aurora boreal. En este grupo había gente de Toledo, Cuenca, Córdoba y Madrid, y entre ellos íbamos 5 miembros de la aam. Así pues, cerca de la Luna nueva de febrero, cargados de ilusión aunque con una pésima previsión de nubes, volamos hasta Reikiavik para intentar cumplir ese sueño.

Fotografía de Fco. Javier Huertas / Cámara: Canon EOS 40D / f: 2,8 / Exposición: 40s / ISO: 1600 / Longitud focal: 24mm / Objetivo: Canon 24-70mm L. Nuestra primera aurora.

Las auroras polares son producidas por la acción del viento solar sobre las capas altas de la atmósfera. El flujo de partículas que el Sol emite es desviado por el campo magnético terrestre; este flujo interactúa con las moléculas de las capas atmosféricas superiores al colisionar con ellas, y según la energía que transporte, puede llegar a excitar algunos de sus átomos hasta el punto en que estos son ionizados y se vuelven luminiscentes, produciéndose entonces un efecto visual espectacular.

Nuestra primera noche en Reikiavik densas nubes cubrían todo el cielo, por lo que ni siquiera nos planteamos la posibilidad de intentar ver la tan esquiva aurora.

Sin embargo, hacia las 12 y pico de la segunda noche, al salir de un local donde nos encontrábamos aproximadamente la mitad del grupo, alguien miró al cielo y dijo “se ve una estrella”, y eso fue suficiente para que saliéramos disparados al hotel a coger más ropa y nuestras cámaras fotográficas. Con los autos que habíamos alquilado partimos en dirección NE para alejarnos de las luces de la ciudad y dejar esta todo lo más al sur que fuera posible, no en vano íbamos en busca de las “luces del norte”. Aparcamos en una oscura carretera y nos apeamos a observar un cielo que abría cada vez más, mostrándonos casi al completo el Hexágono de Invierno (excepto Sirio, tapado) y una Estrella Polar como nunca la habíamos visto de tan alta como brillaba, recordándonos que Reikiavik se sitúa a 64°N. Como curiosidad diremos que a esa latitud Vega es circumpolar, como alguien del grupo hizo notar.

Las nubes seguían cubriendo parte del cielo, y una de ellas nos llamó especialmente la atención. Extendiéndose entre Casiopea y Hércules, era de un blanco diferente a las demás y brillaba de un modo extraño. Poco a poco nuestros ojos se fueron acomodando a la oscuridad, al tiempo que la extraña nube variaba  su luminosidad y su tono… la primera foto evidenció que era lo que veníamos buscando.

Fotografía de Fco. Javier Huertas / Cámara: Canon EOS 40D / f: 2,8 / Exposición: 40s / ISO: 1600 / Longitud focal: 24mm / Objetivo: Canon 24-70mm L. Nuestra primera aurora.

Aunque visualmente era mucho más débil de lo que habíamos imaginado, no cabía duda de que era una aurora, ¡nuestra primera aurora! Utilizando la visión lateral se apreciaban algunos colores además del verde, sobre todo rojos (hubo quien incluso creyó ver tonos azules), aunque muy sutiles, eso sí. Con los cambios de intensidad también se hacían evidentes unas formas filamentosas, otra curiosa manifestación visual, esta vez de la dirección que siguen las líneas de fuerza del campo magnético de nuestro planeta.

Fotografía de Paco Bellido / Cámara: Canon EOS 550D / f: 3,5 / Exposición: 76s / ISO: 1600 / Longitud focal: 18 mm / Objetivo: 18-55 mm IS. Vega brilla entre nubes de colores.

Fue la guinda a un día que había sido mágico, cargado de las imágenes y emociones de una tierra imponente. Todavía estuvimos disfrutando un rato largo del tenue espectáculo y del frío polar antes de recogernos.

Fotografía de Fco. Javier Huertas / Cámara: Canon EOS 40D / f: 2,8 / Exposición: 25s / ISO: 3200 / Longitud focal: 24mm / Objetivo: Canon 24-70mm L.

El día siguiente lo pasamos conociendo algunas zonas del sur. En un momento en que el cielo abría pudimos observar la poca altura que alcanza el Sol sobre el horizonte antes de comenzar a descender nuevamente, apenas teníamos 7 horas de luz diarias (un islandés muy simpático que conocimos nos dijo que deberíamos volver para las fiestas del 21 de Junio, cuando se produce ese curioso efecto conocido como el “Sol de medianoche”). ¡Y esos claros también prometían una noche más despejada que la anterior!

Ya de regreso volvimos a salir a la caza de nuestro principal objetivo. Esta vez íbamos el grupo casi al completo, nos llevaban en autocar y en excursión organizada, pero algunos de los nuestros nos seguían hábilmente con los todoterrenos por si al finalizar la jornada nos queríamos quedar un rato más, que aunque los viajes organizados son muy cómodos, la independencia siempre da más libertad. Curiosamente nos dirigimos hacia la misma zona en que habíamos estado la noche anterior, aunque un poco más lejos y más alto también.
En un momento dado el conductor apagó las luces del vehículo y a nuestra izquierda pudimos ver una inmensa aurora de color verde. Era mucho más evidente que la de la noche anterior, una gran forma ovalada de la que salía una extensa cola que se iba difuminando en su viaje hacia el sur. Preciosa visión.

Fotografía de Dori Bueno / Cámara: Canon EOS 550D / f: 3,5 / Exposición: 90s / ISO: 1600 / Objetivo: Canon 18-55 mm.

Bajamos en medio de la nieve a fotografiarla, pero a los escasos quince o veinte minutos ya nos estaban moviendo de lugar, en busca de otro sitio desde el que vimos cómo nuestra aurora había evolucionado a una forma más rectangular y compacta. El tipo de luz que emitía era muy similar a la de algunos fluorescentes y lámparas de descarga o de vapor de gas, brillante y monocromática. No lo puedo asegurar porque no tengo otra con que compararla, pero por lo visto ésta que estábamos viendo era bastante normalita. Imagino el espectáculo que debe ser una de las potentes.

Fotografía de Paco Bellido / Cámara: Canon EOS 550D / f: 4 / Exposición: 60s / ISO: 1600 /  Longitud focal: 25 mm / Objetivo: 18-55 mm IS.

El único equipo óptico que llevábamos eran unos prismáticos del comercio que más nos ha provisto a los modernos aficionados madrileños después de la Óptica Roma: el Lidl. Sin embargo la imagen no mejoraba en absoluto al mirar a través de ellos, no se veía más que una gran mancha borrosa en la que no se apreciaba ningún detalle. Supongo que son eventos para apreciar a ojo desnudo, y que únicamente la fotografía o el vídeo pueden realzar aún más su belleza. Cuando esta se desvaneció ya no tuvimos ocasión de volver a ver nada más, las nubes volvieron a hacerse dueñas del escenario. El termómetro de nuestro coche marcaba -8°C de temperatura, pero el gélido viento hacía que la sensación térmica fuese de varios grados menos.

Fotografía de Pedro González Ibeas / Cámara: Canon EOS 450D / f: 3,5 / Exposición: 30s / ISO: 1600 / Longitud focal: 10mm / Objetivo: 10-22 mm. Arriba se distingue perfectamente la pareja Alcor-Mizar. El triángulo de la derecha pertenece a la parte trasera de Leo (Denébola). La amarilla Arturo aparece sobre el horizonte.

Parece ser que este está siendo un ciclo anómalo y que el Sol está tardando más de lo previsto en activarse. Aun así, podemos suponer que durante los próximos dos o tres inviernos tendremos oportunidad de ver auroras mucho más espectaculares, según nuestra estrella se aproxime a su periodo de máxima actividad, ya que será entonces cuando aumente la intensidad del viento solar. Ya veremos lo que pasa al final, pero si se formasen nuevos grupos para intentar ver auroras, podemos sin duda recomendar Islandia como uno de los posibles destinos.

En el vuelo de vuelta a Londres, mientras posábamos todas las vivencias de estos días, por la ventanilla de estribor del avión pudimos ver al Sol poniéndose tras la bahía de Galway, tiñendo de sombras a la hermosa y verde Erin, y mostrando un ocaso dominante en rojos que se descomponía también en ámbares y lavandas. Por encima de él Júpiter brillaba majestuoso… con alegría le di gracias al cielo por tanta generosidad, prometo seguir sorprendiéndome con las maravillas que (a veces) nos muestra.

Agradecimientos

A toda la gente que de un modo u otro habéis participado en este viaje, much@s sois quienes nos habéis acompañado desde lejos.

Gracias también a quienes habéis cedido vuestras magníficas fotografías para este artículo, y especialmente a Paco Bellido por sus acertadas correcciones del mismo. Podéis leer la crónica que él hizo de este viaje en su estupendo blog “El beso en la Luna”:  http://mizar.blogalia.com/historias/68873

Las fotografías se encuentran en le Galería Fotográfica en alta resolución.


 
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