El Astrónomo Errante

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Descubierto un tercer planeta en Próxima Centauri

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Rocoso y con una cuarta parte de la masa de la Tierra, es uno de los mundos extrasolares más pequeños conocidos.

Recreación artística de Próxima d, con su estrella al fondo. / ESO / L. CALÇADA

El número de planetas a la vuelta de la esquina no deja de crecer. Un equipo internacional de científicos, coliderado por investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), ha descubierto un tercer planeta alrededor de Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sol. Próxima d es un mundo rocoso muy pequeño –tiene una cuarta parte de la masa de la Tierra–, orbita su estrella a solo 4 millones de kilómetros y demuestra que nuestro vecindario es rico en lo que a 'planetodiversidad' se refiere.

Próxima Centauri forma parte de un sistema estelar triple, con dos estrellas parecidas al Sol –Alfa Centauri A y B– que giran en torno a un centro de masas común. Próxima Centauri orbita la pareja y es la estrella más cercana a nosotros. Está a 4,22 años luz de la Tierra. Es decir, su luz tarda 4,22 años en llegar hasta nosotros viajando a 300.000 kilómetros por segundo. Es una enana roja, invisible para el ojo desnudo, de la constelación austral del Centauro de la que hasta ahora se sabía que tenía dos planetas, uno del tamaño de la Tierra y una supertierra.

Un largo proceso

La caza del tercero ha sido «un proceso bastante largo», indica Alejandro Suárez Mascareño, coautor del estudio que publica la revista 'Astronomy & Astrophysics'. «Los primeros indicios de su existencia los encontramos en 2020 cuando confirmamos la existencia de Próxima b, el primer planeta que se detectó alrededor de Próxima Centauri», recuerda el astrofísico del IAC. Usaron para ello el espectrógrafo ESPRESSO, instalado en el Telescopio Muy Grande (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), en Chile, y diseñado «para encontrar un gemelo de la Tierra».

Suárez Mascareño y sus colegas confirmaron la existencia de Próxima b, un mundo del tamaño de nuestro planeta que está en la zona habitable, el anillo imaginario alrededor de una estrella en el que puede haber agua en estado líquido. «Cuando estábamos terminando de analizar los datos de ESPRESSO, vimos que había algo más, una señal que en aquel momento no podíamos asegurar que correspondiera a un planeta», recuerda el científico gijonés.

Tras la publicación de ese trabajo, se embarcaron en la búsqueda y el análisis de la señal desconocida. Sabían que, si como sospechaban correspondía a un planeta, tenía que ser «muy pequeñito», lo que complicaría su detección. Por si eso fuera poco, estalló la pandemia y los telescopios del ESO de cerro Paranal (Chile), donde se encuentra el VLT, estuvieron cerrados nueve meses. «Eso retrasó muchos trabajos, incluido el nuestro».

Cuando retomaron la caza, comprobaron que la nueva señal de 2020 era de un planeta. «Se trata de un mundo de un cuarto de la masa de la Tierra; lo que viene a ser unas dos veces y media la de Marte. Su año dura unos cinco días y se encuentra a unos 4 millones de kilómetros de su estrella, una décima parte de la distancia entre el Sol y Mercurio», explica Suárez Mascareño. Próxima d no pasa, desde nuestro punto de vista, por delante del disco de su estrella –como una mosca delante de una bombilla– y se ha descubierto mediante la técnica de la velocidad radial, un método que detecta el ligero bamboleo que sufre una estrella a causa del pequeño tirón gravitatorio de un planeta.

¿Hay vida en Próxima b?

Que haya al menos tres mundos en torno a la estrella más próxima demuestra, según Suárez Mascareño, que hay muchos mundos ahí fuera. «Lo que nos estamos encontrando es que lo habitual es que una estrella tenga varios planetas, como le pasa a nuestro sol. Al principio, se encontraban de uno en uno y existía la duda de si nuestro sol es raro por tener tantos planetas o si es normal. Cada vez tenemos más claro que es normal. Que explores la estrella más cercana y te encuentres un sistema planetario múltiple casi te despeja las dudas. Sería estadísticamente muy raro que los sistemas multiplanetarios fueran raros y la estrella de al lado tenga muchos planetas». Además del nuevo mundo, Próxima Centauri tiene una supertierra, Próxima c, y otro planeta rocoso, Próxima b, que es el más interesante desde el punto de vista de la búsqueda de vida extraterrestre.

Próxima b fue descubierto en 2016 por un equipo internacional liderado por el investigador español Guillem Anglada. Es un mundo de 1,3 masas terrestres que está a 7 millones de kilómetros de su estrella –la Tierra está a 150 millones de kilómetros del Sol– y la orbita una vez cada 11,5 días. A pesar de estar tan cerca de su estrella, como esta es mucho más fría y pequeña que la nuestra, Próxima b se encuentra en la zona habitable, lo que ha abierto un intenso debate en la comunidad científica sobre si puede o no albergar vida.

Una enana roja es una estrella cientos o miles de veces más longeva que el Sol –cuya vida se calcula en 10.000 millones de años–, lo que da muchas más oportunidades a la vida. Como contrapartida, es un tipo de estrella mucho más activa, que emite intensas llamaradas de radiación que esterilizan cada dos por tres los mundos próximos que no cuenten con la protección de un campo magnético. ¿Lo tiene Próxima b? Eso marcaría la diferencia entre que sea un planeta apto para la vida o estéril.


 
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